El terremoto generó inmediatamente alertas de tsunami para Puerto Rico y las Islas Vírgenes,y "potenciales amenazas" de tsunami en Haití, Belize, Bahamas, Costa Rica, Islas Caimán, Cuba, Nicaragua, Panamá, Guatemala, Honduras, México y Jamaica, según el Sistema de Advertencia de Tsunamis del Servicio Nacional del Clima de Estados Unidos (NOAA).
Horas después, las alertas de tsunami fueron levantadas. A las 9:22 p.m. el Sistema de Advertencia de Tsunamis de los EE.UU. no registraba alguna advertencia de tsunami asociada a este sismo.

El NOAA, sin embargo, registró el sismo con magnitud 7.5 y lo ubicó al norte de Honduras, a una profundidad de 21 millas, a las 5:23 p.m. Inicialmente el sismo se registró con una magnitud de 8 grados y una profundidad de 21 millas.
Con los datos ya revisados según la USGS, el terremoto fue ubicado al suroeste de las Islas Caimán y se produjo como resultado de una falla de deslizamiento en la corteza poco profunda cerca del límite entre las placas de América del Norte y el Caribe.
Según el Servicio Geológico, en el lugar de este terremoto, la placa de América del Norte se mueve hacia el oeste-suroeste respecto a la placa del Caribe, a un ritmo de aproximadamente ~20 mm/año, un movimiento que se aloja predominantemente a lo largo de la falla de las Islas Swan. Se trata de una "ruptura" a lo largo de esta estructura límite de placas.
El Servicio indicó que los grandes terremotos en esta ubicación del límite de placas no son inesperados y que se han producido diez terremotos de magnitud 6 o más grandes en un radio de 250 kilómetros desde el terremoto del 8 de febrero de 2025 durante el siglo anterior. El 10 de enero de 2018 se produjo cerca un terremoto de magnitud 7.5 con un mecanismo similar, sismo que provocó algunos daños y un pequeño tsunami.
Un dato interesante es que los datos del Servicio indican que la ubicación remota de estos sismos "limita la posibilidad de que se produzcan daños importantes".
