A eso de las 8:00 de la noche del jueves 11 de diciembre del año pasado Walter Sánchez, de 28 años de edad, compartía bebidas embriagantes con su padre Miguel Ángel Sánchez, de 51 años, cuando comenzaron una acalorada discusión que terminó cuando el progenitor atacó con arma blanca a su hijo hasta quitarle la vida. El suceso, en el que también resultó con lesiones en sus manos la esposa del hechor y madrastra de la víctima, ocurrió en el caserío La Garduña del cantón Apancoyo, en el distrito de Santa Isabel Ishuatán, en Sonsonate Este.

En Ataco, Ahuachapán, el 22 de agosto pasado la Policía Nacional Civil (PNC) capturó a Carlos Alfonso Jiménez Arévalo, de 66 años, acusado de asesinar de un balazo a su hijo Carlos Jiménez de 44 años. El homicida consumía bebidas embriagantes y cuando su hijo le llamó la atención sacó un arma de fuego y le hizo un disparo en la cabeza.

El 8 de octubre de 2025 la PNC detuvo en flagrancia a Juan Pablo Mancía, de 41 años, quien en estado de ebriedad mató a machetazos a un “amigo” suyo con quien compartía bebidas alcohólicas en el cantón Casa de Piedra, distrito de  San Marcos.

Estos tres  homicidios, solo son una  muestra de los 43 que hubo en 2025, producto de la intolerancia social, que es una de las manifestaciones del alcoholismo. Según el Ministerio de Seguridad en 2025 El Salvador reportó 82 homicidios, de los cuales más del 52 por ciento fueron cometidos por sujetos intolerantes bajo los efectos de las bebidas embriagantes. Los otros homicidios (48 por ciento) fueron  producto de la intolerancia familiar y la delincuencia común.

La cifra es bastante reducida si se compara con años atrás cuando el promedio de muertes diarias pasaba de los diez. El resultado para 2025 da un promedio de 6.8 homicidios por mes. Si a los 82 homicidios le quitamos los 43 cometidos bajo los efectos del alcohol nos deja 39 muertes, que dividido entre los 12 meses nos arroja un resultado de 3.25 homicidios al mes.  Lo ideal es que los homicidios desaparezcan en todas sus formas.

En la mayoría de estos homicidios por intolerancia víctima y victimario se conocían y se encontraban departiendo alcohol cuando tras una acalorada discusión se dio el hecho criminal. En algunos casos los involucrados eran parientes inclusos de primer grado: Padre e hijo o viceversa.

Para no variar mucho el primer homicidio del presente año ocurrió el  viernes 2 de enero en el distrito de El Paisnal, San Salvador Norte, donde Armando Chacón Guerra, de 42 años, mató con arma blanca a un hombre de 59 años, con quien departía bebidas alcohólicas, Dos días después, en el distrito de  Ilopango Ana Esther Hernández, de 36 años, bajo los efectos del alcohol y tras discutir por celos mató de una puñalada en el corazón a su pareja de 39 años.

El alcohol embrutece a las personas y les genera una falsa valentía que a muchos los tiene en la cárcel, en el hospital o en el cementerio. A otros los tiene tremendamente arrepentidos de sus acciones, pero por desgracia las acciones negativas del alcoholismo no tienen marcha atrás, por ejemplo Migue Ángel Sánchez no puede dar marcha atrás al tiempo para revivir a su hijo Juan. Ninguna persona que bajo embriaguez haya matado a su esposa, a un hijo o a un ser querido, podrá devolverle la vida con su arrepentimiento.

El fin último del alcoholismo es la muerte, tarde o temprano el alcohólico morirá como producto de la ingesta alcohólica, ya sea que muera en la calle, en un hospital o en su cama. Pero antes de su muerte física ha matado la tranquilidad y seguridad de los suyos y eso equivale a infelicidad. El alcohólico, cualquiera sea su condición, de manera injusta e ingrata se encarga de llevar angustia, sufrimiento y desilusión a los suyos.

Como persona irresponsable el alcohólico genera sufrimiento a su entorno y en ocasiones provoca daños irreparables. El alcoholismo, una enfermedad mental, puede ser controlada y superada a través de procesos de recuperación y superación. Se requiere humildad y de fe ciega en un Ser Superior para alcanzar niveles de tolerancia, talante, talento y templanza para sobrepasar la enfermedad y pasar del ser irresponsable a ser un ente responsable.

En El Salvador y en 180 países del mundo existe Alcohólicos Anónimos (AA) como una comunidad de hombres y mujeres dispuestos a someterse al proceso de recuperación y superación del alcoholismo mediante el método de compartir experiencias y el dolor de la angustiante y destructiva enfermedad  del alma. Para ser parte de AA no se requiere más requisito que aceptar ser alcohólico y estar dispuesto a someterse con humildad al proceso de recuperación. Ahí nadie sobra y todos son bienvenidos, cualquiera sea su condición.

Seguramente la mayoría de los 43 homicidas que actuaron bajo la influencia del alcoholismo hoy estén arrepentidos en sus celdas, pero también odiados o rechazados por sus propios parientes que tras el dolor por el luto siente vergüenza por los homicidas y reclaman justicia.

Decir que en 2025 hubo 39 homicidios suena mejor que decir que hubo 82 muertes violentas, de los cuales, 43 fueron cometidos por personas alcoholizadas, sin contar los homicidios culposos cometidos por ebrios al volante. Maldito alcohol que tanto luto y dolor le causa al pueblo salvadoreño.

* Jaime Ulises Marinero es periodista