El nuevo arzobispo de Nueva York, monseñor Ronald Hicks, tomó posesión el viernes en la Catedral de San Patricio y, en un gesto cargado de significado, invitó a Samuel Jiménez, un migrante salvadoreño, a proclamar la primera lectura en español durante la ceremonia.

Jiménez fue acogido en su infancia en el orfanato Nuestros Pequeños Hermanos de El Salvador, donde Hicks sirvió como sacerdote entre 2005 y 2009.

“Escogí a Sam porque es parte de mi vida y de la misión que tuve en Centroamérica. Dejé mi corazón allá. Él representa para mí una familia; representa amor”, expresó Hicks en español ante medios internacionales.

Samuel Jiménez fue abandonado de bebé, sobrevivió a un ataque armado y sufrió maltratos de sus padres adoptivos. Su testimonio quedó registrado en el libro Do Not Discard, título que reafirma su mensaje: toda vida tiene valor y dignidad. Hicks lo eligió para transmitir el tipo de Iglesia que desea construir: comprometida con los olvidados y los más vulnerables.

El obispo Ronald Hick reacciona durante su nombramiento como líder de la arquidiócesis de Nueva York el viernes en la Catedral de San Patricio, en Nueva York. Hicks asumió como nuevo arzobispo de Nueva York en un acto en el que apeló a que la Iglesia «defienda la dignidad humana en todas las formas posibles». EFE/ Ángel Colmenares

Durante la homilía, Hicks citó en español parte de la canción “Alma Misionera”: “Señor, toma mi vida antes de que la espera desgaste años de mí”, afirmando que todos los cristianos están llamados a ser “discípulos misioneros”.

Más de 2,000 personas abarrotaron la catedral para presenciar su instalación como el undécimo arzobispo de Nueva York, sucediendo al cardenal Timothy Dolan.

El nuevo jerarca católico residió cinco años en El Salvador al frente de programas para niños huérfanos y abandonados en Santa Ana. Desde allí, coordinó además proyectos en otros nueve países de América Latina, experiencia que, aseguró, marcó su vocación pastoral y su vínculo con la comunidad latina.

“La Iglesia existe para proclamar a Jesucristo a todos, de manera pública y creíble, sin miedo, en toda cultura y circunstancia”, afirmó durante la misa. También dijo creer en una Iglesia que defienda la dignidad humana y se inspire en la compasión del buen samaritano.

El Papa León XIV, quien designó a Hicks, ha denunciado recientemente el trato inhumano hacia los marginados y urgido a la Iglesia a no dejarse llevar por la “indiferencia social”. En ese mismo espíritu, Hicks aseguró: “Estoy llamado a ser un pastor de almas”.

A la misa asistieron líderes políticos, religiosos, empresarios, académicos, familiares del arzobispo y representantes del clero. La ceremonia se desarrolló bajo estricta seguridad en la ciudad. En su escudo episcopal, Hicks honra al mártir salvadoreño san Óscar Arnulfo Romero, y concluyó pidiendo fe firme hasta el final: “Continuar hasta la muerte con la fe que profesamos”.

La Arquidiócesis de Nueva York agrupa a más de 2.5 millones de católicos y, por su peso mediático y cultural, tiene una influencia global. “Sabemos que Nueva York no es solo Nueva York… el mundo está aquí reunido”, destacó Hicks.