El nuevo arzobispo de Nueva York, Ronald Hicks, será investido este viernes 6 de febrero en la catedral de San Patricio de Manhattan, en una ceremonia en la que el idioma español tendrá un lugar protagónico, como reflejo del profundo vínculo que mantiene con El Salvador y con la comunidad hispana, especialmente la centroamericana.
A sus 58 años, Hicks ha dedicado parte importante de su vida sacerdotal a labores en Centroamérica. Entre 2005 y 2010, vivió en El Salvador como director nacional de la organización Nuestros Pequeños Hermanos (NPH), dedicada al cuidado de niños huérfanos y abandonados. Desde entonces, aseguró, su corazón ha permanecido unido a la región.
“Yo dejé mi corazón allá”, expresó Hicks al referirse a su experiencia misionera en tierras salvadoreñas, donde también dirigió programas sociales en nueve países. En ese contexto, pidió que el segmento en español de su ceremonia de investidura esté a cargo del centroamericano Samuel Giménez, a quien elogió como parte fundamental de esa etapa de su vida.
“Él representa parte de mi vida, que es familia, que es cariño, que es amor”, expresó en español, reiterando su cercanía con la comunidad hispana. Hicks ha sido sacerdote por más de 31 años y enfatizó que, desde sus inicios, los feligreses latinos han sido una parte central de su misión.
Romero, símbolo en su escudo episcopal
Esa conexión con El Salvador no es sólo espiritual, sino también simbólica. El escudo episcopal del nuevo arzobispo incluye una ramita de romero como homenaje directo al arzobispo mártir San Óscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980, y a los pueblos centroamericanos. La franja blanca ondulada que cruza el campo azul de su escudo representa esa memoria y compromiso.
El lema que acompaña su escudo, “paz y bien”, atribuido a San Francisco de Asís, refleja el espíritu con el que Hicks busca guiar su arquidiócesis. También incluye un corazón rojo sobre una pluma y una espada cruzadas, símbolo de su servicio misionero en El Salvador y del amor sincero que —según dijo— aprendió de los fieles salvadoreños.
“Ha sido un honor caminar con todos ustedes y en esta arquidiócesis vamos a seguir caminando juntos”, expresó en un mensaje directo a la comunidad hispana.
Voz de aliento a los migrantes
Hicks, aficionado de los Chicago Cubs y la pizza de masa gruesa, también dirigió palabras a los inmigrantes centroamericanos que viven en Estados Unidos en medio del temor por las deportaciones impulsadas por el presidente Donald Trump. Los animó a seguir adelante con esperanza y fe, y a dar ejemplo de fraternidad: “Sean ejemplo de cómo tratar al otro como verdaderos hermanos”, afirmó.
Consciente de los tiempos difíciles, el nuevo arzobispo también reconoció que uno de sus mayores retos será la evangelización. “¿Cómo transmitimos la fe a la siguiente generación?, ¿cómo podemos ser una Iglesia relevante, próspera, hermosa?”, cuestionó al presentar su visión pastoral.
Aunque aún no ha dialogado con el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, Hicks dijo estar interesado en trabajar con él “por el bien común”.
Con una visión integradora, una fe arraigada en el servicio y una historia personal marcada por su paso por El Salvador, Ronald Hicks inicia su etapa como arzobispo con un mensaje claro: la comunidad hispana será parte esencial de su ministerio.
