La invasión rusa de Ucrania y el cambio de prioridades en la política exterior de Estados Unidos —acentuado por el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca— han reactivado con fuerza un viejo debate en Europa: ¿debe la Unión Europea crear su propio ejército?
Varios gobiernos, incluido el de España, han expresado su respaldo a esta idea. Sin embargo, la falta de claridad sobre su alcance real y la ausencia de voluntad política concreta han dejado la propuesta anclada en la retórica.
“¿Qué se entiende por ejército europeo?”, se pregunta el investigador Félix Arteaga, del Real Instituto Elcano. “¿Un ejército de la UE? ¿De países europeos? ¿Incluye al Reino Unido y Noruega? ¿O solo una ‘coalición de los que quieren y pueden’?”, cuestiona, evidenciando que ni siquiera hay consenso sobre el concepto.
Por su parte, Rafael Martínez, del CIDOB, advierte que un ejército común implicaría responder a una pregunta clave: ¿sería una única fuerza supranacional o una estructura paralela a los ejércitos nacionales? “¿Vendrían los finlandeses a defender Ceuta y Melilla?”, plantea.
Cuatro modelos posibles para un ejército europeo
Según Martínez, podrían existir cuatro formas distintas de concretar esta iniciativa:
Un ejército único e intergubernamental, en el que los gobiernos mantengan control político. Sería, a su juicio, el modelo más ineficaz.
Un ejército único y común, bajo mando de las instituciones europeas, lo que implicaría renunciar a la soberanía nacional en defensa.
Un ejército no único e intergubernamental, basado en contribuciones voluntarias, similar a los actuales ‘battlegroups’ que nunca se han activado.
Un ejército no único pero común, creado desde cero y bajo control europeo. Esta opción tendría mayor viabilidad técnica, aunque también requeriría una fuerte inversión y coordinación.
Obstáculos estructurales y culturales
Entre los principales desafíos se encuentra la heterogeneidad de los ejércitos nacionales, sus doctrinas, niveles de inversión, equipos y hasta culturas de defensa.
“La defensa sigue siendo un bastión de la soberanía nacional”, apuntan los expertos. Además, la existencia de la OTAN como garante de la seguridad europea ha frenado durante décadas el impulso de una estructura militar propia.
Sin embargo, las declaraciones de Trump sobre el compromiso de EE.UU. con la defensa europea han provocado incertidumbre. “Si EE.UU. se retirara de Europa, habría que actuar con rapidez”, advierte Arteaga.
La seguridad preocupa, pero no moviliza
El último Eurobarómetro muestra que el 84% de los españoles se dice preocupado por los conflictos armados cerca de Europa, frente al 72% de media comunitaria. A pesar de este dato, el respaldo electoral a un ejército europeo no es firme, y las operaciones militares siguen teniendo ‘mala venta’ política, como lo resume Arteaga.
“Hablar de ejército europeo es una forma de escalar el problema a nivel de la UE y evitar el desgaste nacional”, considera. Pero si no hay acuerdo para desplegar una fuerza de reacción rápida de 5.000 efectivos, se pregunta: “¿cómo se pondrán de acuerdo para crear un ejército europeo, que es una estructura mucho más ambiciosa?”
La idea de un ejército europeo sigue siendo más una aspiración simbólica que una política concreta. Para los analistas, se trata de una respuesta más emocional que práctica, impulsada por las tensiones geopolíticas actuales pero carente de hoja de ruta clara.
Mientras tanto, Europa sigue confiando en la OTAN como pilar de su defensa, aunque las circunstancias obligan a reflexionar sobre su autonomía estratégica. Si el contexto cambia, puede que lo que hoy parece una quimera, mañana se vuelva una necesidad urgente.
